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Antiviajes y películas que nunca debiste ver

El poeta
apenas sabe vigilar.
Juan Gelman

La histeria, el simulacro tan mezquino como cabal de la ira, sirve para todo, pero que nadie lo olvide: íbamos acolchados: adiestrados en léxico seguro, dominados por la aberración, la métrica, la desconfianza; a buen seguro, nuestra asfixia cantarina perjudicó nuestra técnica. Que todos se engañen: ni paz, ni energía, lo que se buscaba, con toda la humildad, lo que se buscaba esa noche en la Gran Vía era un rojo reventón, genérico; escotes de las chicas de la Hummer. Mientras nos pegábamos hablábamos de ti, en todas las religiones. Fuimos alcanzados; el techo era de cien pies. No hay necesidad de expresarse bajo ninguna culminación, pero basta el amago de desistir para que el derviche truncado, su violencia segura, surta efecto entre los abochornados protestones, flexibles. Retrasemos la ejecución, magníficamente. Lo que ocurrió ese 25 de enero, a mi manera de ver, fue la mejor manera de conocer Tailandia; fue un bautismo pernicioso, pura metereología, un buen trabajo en una vieja sala de vapor. Una víctima fresca cargada de menos: el público, junto a cuatro cabezas de lobo echando agua, nosotros. Menos cultura y más lamentos. Todo el mundo debería estar obligado a escribir su autobiografía, todo el mundo debería correr a cintazos a los poetas con risa sana y deportiva. Que el público debió ser encadenado según fueran llegando, sí; que los boxeadores deberían haber salido amordazados, por supuesto; que debieron ser combates de lucha libre, totalmente de acuerdo; ¡Vive Dios! Pero enterradísimos en la nieve como estábamos... y, además, acaso la seducción, nuestra patria, ¿no fue meramente indomable? Ja. Me gustaría subrayar que los boxeadores "tuvimos" que pagar de nuestros bolsillos los protectores bucales, detalle en el que veo, hoy lo diré, las ilusiones renovadas de la poesía. Que lo pongan en las escuelas. Pero no por convencimiento, ni por encomienda, sino porque algún día, nadarán los cerdos como nadie.


Tu padre, 

Víctor Pérez

1 Comment:

  1. Organización said...
    Poético resulta el hecho de que David Moreno y Gonzalo Escarpa hayan compartido su protector bucal

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